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Humberto Díaz

Humberto Díaz

Hace casi un año fui amablemente compelido a escribir una semblanza sobre el Dr. Humberto Díaz, por su promoción a Investigador Titular. Una vez más me han invitado a hilar unas palabras para añadir un poco de color a otra solemne transición en su vida académica: su designación como Investigador Emérito. Se marca así una nueva etapa en una sigladura que comenzó en 1967, hace ya más de tres décadas, cuando el Dr. Díaz ingresó al IVIC como Estudiante Graduado.

EL MAESTRO Y AMIGO

Por casi 25 años he tratado a Humberto en una gama de escenarios y circunstancias. Mi primera interacción con él se produjo a principios de 1975, cuando a la sazón yo adelantaba en el Centro de Ecología del IVIC mi trabajo de grado para optar al título de Licenciado en Biología. Humberto, recién parido de las factorías doctorales de Duke University, se incorporaba a dicho centro Por su trato llano y carácter afable era muy fácil –y aún lo es- transar una conversación con él y prontamente establecer una familiaridad que en nuestro caso derivaría en amistad entrañable. Pero en mi calidad de ávido

Estudiante de pregrado, más interesante aún me resultaba el hecho que de él llegaba sólidamente formado en los temas de ecología que estaban en boga en aquellos momentos. Así una vez presentada la tesis de licenciatura, trabajé con Humberto en un proyecto financiado por CONICIT, que se desarrolló, entre 1977 y 1979. Luego, entre 1981 y 1983, coincidí con él durante su breve pasantía por la Universidad Francisco de Miranda. Posteriormente entre 1985 y 1989,siendo yo aún profesor de la Universidad Francisco de Miranda, realicé estudios doctorales bajo la dirección de Humberto, aquí en el IVIC. Finalmente, a raíz de mi ingreso como investigador en el instituto en 1992, hemos podido interactuar como colegas
en el Centro de Ecología.

Si bien, el haber trabajado con Humberto en tantas oportunidades y en tal variedad de escenarios, no necesariamente me califica para hablar con propiedad sobre él; al menos me permite hacerlo con total desenfado.

EL INVESTIGADOR

Humberto ha contribuido substancialmente al avance del conocimiento carcinológico ya la ecología marina de las regiones tropicales. A lo largo de su carrera, ha producido un cúmulo de publicaciones que le han ganado el respeto en círculos internacionales.
Su producción científica se ha caracterizado, en su mayor parte, por la originalidad y por la meticulosidad con que desarrolla sus trabajos de investigación. En particular, es llamativa la atención y finesse con que pone a punto la metodología. Esta pulcritud, este deliberado orden, lo han llevado a producir resultados incontestables.

Otro aspecto que es menester destacar en su trayectoria, es la periódica regeneración de sus temas de investigación. Como consecuencia
de una de éstas renovaciones, recientemente Humberto alcanzó un nuevo clímax en su carrera científica. A comienzos de esta década, dejó atrás los estudios de dinámica poblacional y de historias de vida en crustáceos marinos y la caracterización de comunidades y poblaciones marinas. Hoy en día, Humberto y su equipo de trabajo, armados con una metodología experimentalista, campean cómodamente en la Etoecología y en la Ecología Química. Con la minuciosidad que lo caracteriza, ha enfocado su atención a desentrañar aquellos factores que motivan las acciones de los cangrejos. Así, la determinación de claves químicas y visuales en el universo de comportamientos de estos invertebrados, se ha convertido en una veta de conocimiento puro (y en consecuencia de publicaciones) que, por otra parte, no está exenta de interesantes consecuencias prácticas en la gestión de pesquerías de estos degustables organismos.

No es la primera vez que alcanza altas cotas de notoriedad. Recuerdo en particular dos artículos. U no de ellos, en colaboración con el Dr. Gilberto Rodríguez, se constituyó en un hito de la interfase entre morfología adaptativa y funciones respiratorias en cangrejos terrestres. Este trabajo, publicado en 1977, abrió una muy fructífera senda, transitada diligentemente por varios investigadores de las metrópolis. El estudio de las cámaras branquiales de cangrejos terrestres, se convirtió en un tema de frontera a partir de éste artículo. Este trabajo citado tan frecuentemente como para pensar que podría alcanzar el status de clásico, según los cánones del Current Contents, fue británicamente rechazado por la revista londinense Journal of Zoology, con el argumento de que el manuscrito no alcanzaba los estándares de la revista. La petulancia afectó notablemente a Humberto, quien herido, iracundo, inmediatamente envió el artículo al Biological Bulletin, prestigiosa revista publicada por el Laboratorio de Biología Marina de Woods Hole, donde le fue aceptado sin mayores trámites ni modificaciones. Una vez publicado el artículo, Humberto envió una separata -with the compliments of the author- al buró editorial del Journal of Zoology. Las reiteradas menciones a este artículo han resarcido suficientemente a Humberto José del agravio de la ciencia del imperio de Albión.

Otro de sus artículos, surgido del material de su tesis doctoral, fue publicado en 1980 en una de las revistas cardinales de Ecología: Ecological Monographs. En aquellos años comenzaban a divulgarse las teorías de biohistorias. Sin embargo, el arsenal teórico, en fase de desarrollo, aún no había llegado a la carcinología. 

Humberto, enfrentado al problema de estudiar la plasticidad fenotípica del cangrejo topo o limanche, Emérita talpoida, y los cambios poblacionales
estacionales, tomó las herramientas de la, entonces incipiente, teoría de historias de vida, para colocar su manuscrito en la rica interfase entre la
ecología y la evolución. Los comentarios de los árbitros mostraban gran complacencia por la ciencia de Humberto. Más de tres lustros después de su publicación, este artículo sigue recogiendo una buena zafra de citas.

Hay otros artículos que le han ganado un sitial en el podio carcinológico. Por ejemplo, los artículos sobre desarrollo larval, que recogen la información obtenida en su trabajo de grado para optar al título de Licenciado en Biología y en su período como Estudiante Graduado del lVIC, aún son citados frecuentemente -casi 30 años después de su publicación. Otros artículos, sobre dinámica poblacional de crustáceos de manglares, evaluación y validación de metodologías para el estudio de poblaciones y comunidades, estructura y función de la comunidad incrustante de las raíces del mangle rojo, y ecología de holoturios, se han constituido en seminales contribuciones al conocimiento de la ecología marina
tropical.

A pesar de que la docencia no es una de sus actividades favoritas, Humberto siempre ha estado rodeado de estudiantes y ha dictado -usualmente a regañadientes- una buena cantidad de cursos. Su vendimia incluye cinco estudiantes doctorales, dos de maestría y siete de licenciatura, amén de un desfile casi continuo de pasantes.

A través de estos años, y más allá de los pormenores de la cienciametría, Humberto José, a la chita callando, sin la pomposidad que propulsa a algunos de los personajes de nuestra picaresca, ha hecho contribuciones substanciales a la institución. Humberto, inexplicablemente marginado de la Jefatura del Centro de Ecología por años, finalmente fue designado como tal en 1995. Durante los dos años de su incumbencia, su empeño en humanizar el centro(tomó prestada la frase que usó el Dr. Ernesto Medina en una ocasión)ha reportado visibles frutos -a la vista de todos-, al tiempo que se ha rendido debido homenaje a los colegas que ya no están con nosotros. El auditorio Carlos Schubert, el jardín interior dedicado al profesor Víctor García, el salón de los naturalistas y las galerías del primer piso, conforman amables y estéticos espacios para el devenir académico o para la ocasional charla insubstancial. 

En un país con evidente vocación de rancho, tales logros -contracorriente- son por demás notables. En fin estas obras y otros detalles que adornan al Centro de Ecología se deben al interés de Humberto, quien probablemente será gratamente recordado por ello, aún cuando haya llegado su momento de enfrentar los prolapsos de la tercera y edades posteriores.

Pero sus contribuciones no cesan allí. En una comunidad que, por razones conocidas y comprensibles, se ve obligada a reducirse al minimalismo del paper, ya la esclavitud del Science Citation Index, Humberto ha dicho presente en otras muchas actividades del Instituto. Así, y ya casi para finalizar, quiero mencionar que él formó parte del grupo de investigadores que concibió el concepto de un plan de ahorro social, como alternativa dinámica a la Caja de Ahorro del Instituto. Estas personas no se limitaron a la elucubración apoltronada y al cotilleo pontificante; pasaron a los hechos y gracias a ellos, y en buena medida a Humberto en su carácter de Coordinador de la Comisión Administrativa de PASIVIC por varios años (y por supuesto con la constante colaboración de su esposa), hoy contamos con un plan de ahorro plenamente informatizado, transparente (si me permiten esta sobada palabreja), y muy ágil (los beneficiarios pueden disponer de sus ahorros en cuestión de horas).

EL HOMBRE YLOS CHISTES

De naturaleza bonachona y atemperada, su carácter a veces puede tornarse astringente, tal vez características de los nacidos en Valle de la Pascua, disolutivo, dando paso a un talante un tanto montaraz. Es posible, empero, desacerbarlo, y con ello demostrar que existe cierto equilibrio en el universo. Sobran las cualidades que lo redimen. Uno de sus rasgos más positivos es la lealtad. En un mundo permutable, de relaciones desechables, Humberto José muestra una fidelidad inusual con sus allegados. Como consecuencia de esta verticalidad, su catálogo
emocional no contempla nichos para la hipocresía. Se mesugirió que incluyese una anécdota jocosa y memorable sobre Humberto. He hecho un gran esfuerzo, excavando enérgicamente los estratos de mi memoria, pero a pesar de ello, no he encontrado ningún episodio que pueda revelar, como el satori, el momento de la gran trascendencia. Por supuesto, en tantas horas compartidas en salidas de campo, abundan los episodios desternillantes. Pero más que algunos momentos, lo importante resultó la posibilidad de apreciar la inusual, retorcida fibra humorística de Humberto. En ella lo más resaltante es su fluida habilidad para contar chistes malos (pésimos, diría yo) e inventar retruécanos. A fuerza de práctica inadvertida, aunque constante, Humberto ha logrado llevar esta habilidad a altísimas cotas, donde casi que podemos definirlo como un arte sin paragón o de obsesivo oficio de claustro. Finalizo reiterando mi complacencia por su designación como Investigador Emérito.

Visto por Jesús Eloy Conde, Investigador.

Fecha

17 Julio 2015

Categorias

Emeritos