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La alta tasa de degradación de ecosistemas naturales en la actualidad, principalmente en el trópico, ha tenido como consecuencia efectos alarmantes sobre la erosión de los suelos, pérdida de biodiversidad, disminución en la disponibilidad de agua potable, emisión de gases de efecto invernadero, cambios en los patrones climáticos locales, etc. La necesidad de recuperar extensas áreas degradadas se ha hecho, por tanto, imperativa. Un elemento fundamental en la recuperación de ecosistemas terrestres es la comprensión y predicción del funcionamiento de la interacción cobertura vegetal/suelo; esto, con el objeto de diagnosticar las herramientas más eficaces para recuperar de manera activa los ambientes degradados.
Recuperación de nuestros bosques
Las áreas de bosque que han sido taladas y quemadas se consideran ambientes degradados. Este cambio de vegetación, de bosque a herbazal, afecta muchos aspectos de ese ambiente como la fertilidad del suelo, la capacidad de retener humedad y suministrar agua, así como la vida de plantas y animales que habitan en ellos. La recuperación de las áreas deforestadas se logra evitando la tala y la quema de las tierras afectadas e implementando programas de reforestación. El éxito en los programas de reforestación depende, entre otras cosas, del tipo de árboles y arbustos que sean seleccionados para tal fin. Cada especie tiene cualidades diferentes, algunas especies pueden considerarse apropiadas para comenzar la recuperación de un bosque y otras, por el contrario, pueden conducir al fracaso.
