Existen
personas que quizá nunca hayan visto con sus propios ojos
un indígena, pero pueden padecer de una enfermedad producida
por un gen anormal, transmitido por generaciones y proveniente
de un antepasado indígena. En el Laboratorio de Genética
Humana del IVIC se estudian los genes de las patologías
hereditarias de nuestro país y sus investigaciones demuestran
interesantes resultados.
Por: María
Teresa Curcio
Los venezolanos
tenemos ciertos distintivos. Además de nuestras costumbres,
cualidades y maneras de ver la vida, quienes nacimos en esta tierra
suramericana, arrastramos una particular historia que ha influido
incluso en el origen de las enfermedades, específicamente
las genéticas o hereditarias.
Sabemos bien
que los primeros pobladores de esta tierra fueron los indígenas,
y a ellos debemos el legado de muchos genes, que son las unidades
más pequeñas de la herencia y que se encuentran
ubicados a lo largo de la cadena de ADN, archivo genético
en el cual están impresas las instrucciones que necesita
un ser vivo para nacer y desarrollarse a partir de la primera
célula.
Un estudio
liderizado por el Dr. Sergio Arias, investigador del Laboratorio
de Genética Humana del Instituto Venezolano de Investigaciones
Científicas, ha descubierto que muchas enfermedades hereditarias
o genéticas de los venezolanos tienen su origen en los
genes anormales, transmitidos de generación en generación,
de ancestros indígenas.
Además,
la investigación ha demostrado que la distribución
de estos genes anormales se halla localizada, con alta frecuencia,
en determinadas regiones del país ("focos") y
que las enfermedades genéticas, si bien se producen en
otras poblaciones del mundo, en Venezuela poseen ciertas particularidades.
Destaca el
investigador que las enfermedades que aquí se presentan
son mayoritariamente las recesivas y no las dominantes, situación
menos frecuente en otras latitudes. En las dominantes, las anomalías
generalmente aparecen en generaciones sucesivas, mientras que
en la herencia recesiva los padres de una persona ordinariamente
no manifiestan la enfermedad, pero algunos hijos sí pudieran
padecerla porque heredaron el gen anormal de ambos progenitores.
Arias, quien
en 1969 fundó el primer laboratorio de Genética
Humana en el país y en 1974 inició los primeros
cursos de postgrado en Venezuela para la formación de geneticistas
humanos, anuncia las razones de la particular herencia proveniente
de los indígenas: la genética del venezolano, la
densidad de nuestra población y las características
de la Venezuela rural de siglos anteriores.

Indicadores
de la herencia indígena
En el terreno
de la genética humana, "este es un país particularmente
favorable para el estudio de los genes anormales" indica
el investigador. Entre otras cosas porque la población
de Venezuela ha crecido seis veces en los últimos 60 años,
desde 1940 hasta el 2000; pero desde 1880 hasta 1940 ni siquiera
se duplicó la población. "No hay ningún
otro país así" afirma Arias.
Este crecimiento
se debe, entre otras causas, además de la abrupta mejoría
de las condiciones sanitarias a partir de 1940, a la primera migración
masiva de europeos desde 1946. Pero ni el mestizaje ni el tiempo
transcurrido desde la llegada de los colonizadores ha sido suficiente
"para que los genes europeos pudieran haberse extendido tanto
y producir frecuencias altas de genes anormales localizados"
explica el investigador.
Entonces "desde
el punto de vista demográfico la población venezolana
es marcadamente mestiza", y aunque varían los porcentajes
en cada región, tenemos una proporción de genes
50% amerindios, 40% europeos y 10% de negroideos.
Otro factor
de importancia en el estudio de la distribución de estos
genes son las condiciones de las vías de comunicación
en la Venezuela rural. La inexistencia de carreteras hacía
casi imposible el traslado de las personas, "imagina que
para venir desde Río Chico a Caracas era un viaje de casi
tres días. Prácticamente hace 60 años este
país no tenía vías de comunicación",
motivo que impidió que las poblaciones aisladas se mezclaran.
Todos estos
factores inciden para que "cuando uno consigue una frecuencia
elevada de un gen de una enfermedad hereditaria, sea alta la probabilidad
de que ese gen tenga origen amerindio", indica Arias.
El mecanismo
para detectar los casos se ha basado en un sistema mixto con diagnóstico
de laboratorio para los pacientes referidos por médicos
externos al IVIC. "Muchas de esas enfermedades son metabólicas
y requieren técnicas especiales complejas, no disponibles
en otros lugares. Entonces recibimos a los pacientes y hacemos
el estudio. Luego, investigamos de donde vienen esos genes y establecemos
las características distintas que tiene la enfermedad con
respecto a la misma patología en otras poblaciones".
Enfermedades
hereditarias en Venezuela
Entre las
enfermedades genéticas con más frecuencia en nuestro
territorio se encuentra el tumor maligno ocular retinoblastoma
unilateral o bilateral, cuya investigación, bajo la dirección
del investigador Arias, ha demostrado que en Venezuela siempre
tiene una etiología hereditaria aparentemente recesiva
y se distribuye en determinados focos del país, y no es
dominante como en la gran mayoría de las poblaciones mundiales.
La enfermedad
generalmente se presenta en los niños menores de siete
años afectando la retina, tejido nervioso delgado que reviste
la parte posterior de los ojos y que detecta la luz y en donde
se forman las imágenes. El tumor se puede presentar en
uno o ambos ojos, y se revela como una mancha blanquecina visible
a través de la pupila. La ceguera puede ocurrir en el ojo
afectado y los ojos ser estrábicos.
Esta enfermedad,
estudiada desde 1984 en el Laboratorio
de Genética Humana del IVIC, es la neoplasia más
frecuente del ojo en los niños y representa el 3% de los
cánceres pediátricos, de acuerdo con Carlos Rodríguez
Galindo en un artículo publicado en el número 14
de la Revista Venezolana de Oncología del año 2002.
Otra enfermedad
genética con alta frecuencia es una glucogenosis, en la
que se afecta la degradación del glucógeno hepático,
evidenciable especialmente en los niños. Se trata de una
patología metabólica donde los trastornos genéticos
pueden dividirse en dos categorías: las que tienen una
fisiopatología hepática y las musculares. Los síntomas
se evidencian porque el volumen del hígado y los valores
de triglicéridos aumentan y se pueden presentar convulsiones,
por la disminución de la glicemia, según describe
Arias.
El investigador
resalta que también "las mutaciones de esa enfermedad
son distintas en comparación con las de las otras poblaciones"
y de las investigaciones del Laboratorio se ha concluido que la
enfermedad puede ser diagnosticada mediante un examen de los glóbulos
rojos, que puede revelar ciertos valores diagnósticos sin
requerirse ninguna biopsia hepática, menos informativa
y más complicada.
Asimismo las
investigaciones en torno a la glucogenosis han descubierto que
la enfermedad proviene de genes anormales ubicados principalmente
en dos zonas circunscritas del país. Explica el investigador
del Laboratorio
de Genética Humana del IVIC que los genes tienen una
frecuencia alta en los estados Trujillo y Falcón, pero
en Lara, que es una "zona intermedia" paradójicamente
no se registran casos. "La explicación posible es
que esta área estuviese ocupada por otros indígenas,
que no se mezclaban con los otros grupos " señala.
Como otra
enfermedad genética de distribución restringida,
pero de alta frecuencia en los "focos" se menciona una
de las mucopolisacaridosis, llamada IH, con graves alteraciones
esqueléticas y del sistema nervioso central, que se acompaña
siempre de manchas en la región sacra, extendidas a varias
partes del cuerpo (mancha "mongólica") que fue
identificada por primera vez en el siglo XVIII por el misionero
jesuita Joseph Gumilla, quien la había observado en los
indios pemones, describiéndola en su libro sobre el Orinoco.
Si bien en
Venezuela los indígenas no forman parte de la población
general, sus genes sí. Estos son los determinantes y se
han transmitido por centenares de años. Ya no se trata
sólo de cultura o lenguaje; de los indígenas tenemos
otro legado que afecta una parte de nuestra población,
como lo prueban estos ejemplos, todos de origen amerindio y muchos
otros análogos identificados.
