En África
muere un niño cada 12 segundos víctima de la malaria.
En Venezuela el parásito quizás no mata, pero enferma
de gravedad al punto de considerarse una epidemia. La situación
no mejora y ante la posible presencia de un asesino implacable,
la comunidad científica trabaja acuciosamente para encontrar
la manera de combatir al "pequeño gigante".
Por: Lisbeth Calzadilla
"La primera
señal es una inquietud interior que empezamos a experimentar
de repente y sin ningún motivo claro. Algo nos pasa, algo
malo. Si creemos en los espíritus, sabemos que es: ha entrado
en nosotros un espíritu maligno y nos ha embrujado. Nos
ha paralizado y clavado" revelaba el periodista polaco Ryszard
Kapuscinski tras caer presa de la malaria en África.
No era un
espíritu. El origen de tan extrañas sensaciones
pertenecía al mundo real y, aunque de dimensiones microscópicas,
era capaz de desvanecer hasta al más fuerte de los hombres.
Era el parásito Plasmodium causante de la malaria, conocido
por los predios venezolanos como paludismo.
Esta enfermedad,
considerada para la fecha como una epidemia, tiene sus días
contados, pues la ciencia cada vez está más cerca
del medicamento idóneo para combatirla. El Instituto
Venezolano de Investigaciones Científicas y el FONACIT
se encuentran desde 1991 financiando un proyecto orientado hacia
la obtención de nuevos medicamentos que resulten eficaces
en el tratamiento de la malaria.
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Son cuatro
los tipos de parásitos que azotan al mundo, Plasmodium
falciparum, Plasmodium vivax, Plasmodium malariae y Plasmodium
ovale, siendo el más agresivo y letal el P. falciparum,
pues es el principal responsable de las defunciones. Sin embargo,
en Venezuela "más del 85% de los casos de malaria
se deben a P. vivax, que si bien no es tan agresivo como el P.
falciparum, es el segundo en el mundo y el más importante
en la región de América" afirmó la Dra.
Hilda Pérez, jefa del Laboratorio
de Inmunoparasitología y del Centro
de Microbiología Celular del Instituto Venezolano de
Investigaciones Científicas (IVIC).
Tan grave
ha resultado la infección por Plasmodium que se ha convertido
en un problema de salud pública en nuestro país.
Para el año pasado eran unos 32.000 los casos registrados
y para la semana diez del año en curso la cifra ascendió
a 8163 casos, presentando un incremento con respecto al 2003,
en donde la cifra era de 5425 casos, según datos del Ministerio
de Salud y Desarrollo Social (MSDS).
Buenas
nuevas bajo el microscopio
Dado que
la comunidad científica se ha encontrado con un adversario
de grandes potencialidades, se ha propuesto investigar la manera
de atacarlo por todos los flancos. Cosa nada fácil, pues
el parásito pareciera ser más inteligente que los
humanos, ya que "en sus años de evolución y
adaptación con el hombre ha desarrollado mil y una estrategias
para evadir la respuesta inmunitaria" asegura la Dra. Pérez.
Por otra
parte, luego de atacar al parásito con la cloroquina -droga
utilizada desde hace 50 años para el tratamiento de la
malaria- pareciera que queda siempre alguno en el organismo que
guarda la información de la droga suministrada y posteriormente
la reconoce, por lo que ha creado resistencia a ella.
Uno de los
laboratorios que ha emprendido la guerra contra el paludismo o
malaria es el Laboratorio
de Química de los Metales de Transición del
IVIC, que desde 1991 con la tesis doctoral de la Dra. Maribel
Navarro y dirigida por el Dr. Roberto Sánchez Delgado,
ha adelantado una investigación que apunta a la obtención
de nuevas drogas para tratar la malaria. Este trabajo, consiste
en "utilizar compuestos con conocida actividad anti-malarica
y combinarlos con metales de transición como oro, rutenio,
cobre, zinc y evaluar su actividad biológica" informó
la Dra. Navarro.
Este proyecto
sirvió para iniciar una colaboración, a los efectos
de conocer la actividad biológica de los nuevos compuestos,
entre el Laboratorio
de Química de los Metales de Transición del
Centro
de Química y el Laboratorio
de Inmunoparasitología del Centro
de Microbiología Celular del IVIC, el cual desde1989
trabaja en malaria.
Los resultados
de esta investigación han sido favorables, pues se demostró
que varios de los nuevos compuestos eran más activos que
la cloroquina y más eficaces contra cepas de referencia
de P. falciparum resistente a dicha droga. Esto probablemente
suceda porque el mecanismo que permite a los parásitos
resistentes evadir la acción de la cloroquina, no surte
efecto contra la estructura electrónica de la droga modificada
por la introducción de los metales de transición.
Adicionalmente, se piensa que los nuevos compuestos podrían
estar atacando otro blanco importante: el ADN del parásito.
Muchas de
las pruebas realizadas hasta el momento han sido in vitro y las
conclusiones obtenidas arrojan nuevas luces con respecto a la
obtención de la droga. Ahora bien, cuando llega el momento
de realizar las pruebas in vivo la situación es más
compleja. La fase experimental con ratones ha podido ser superada
obteniendo resultados similares a los esperados con las pruebas
in vitro: los ratones han respondido favorablemente al medicamento
y sin aparentes daños colaterales, incluso luego del estudio
de toxicidad aguda. Toda esta fase biológica del proyecto
se ha realizado en el Laboratorio de Inmunoparasitología
que dirige la Dra. Hilda Pérez, pues es el que posee la
infraestructura necesaria para ello.
No obstante,
"se ha llegado a un punto en donde no se puede avanzar más
en la investigación, pues no lo hemos podido probar con
los monos porque en Venezuela están protegidos y en consecuencia
tampoco con los humanos" afirmó la Dra. Navarro.
Pero a pesar
de no poder completar la fase experimental de la investigación,
el trabajo realizado con los metales de transición se ha
vendido bastante bien fuera de nuestras fronteras, de hecho ya
son siete los artículos científicos publicados y
varias las menciones al proyecto en revistas de prestigio. El
reconocimiento se debe en gran parte a "que son ligandos
que ya se conocían, logramos incrementar su actividad con
los metales de transición y además son metales que
de alguna manera ya se han usado en los humanos para tratar la
artritis y el cáncer".
Luego de
las pruebas químicas y biológicas con las nuevas
drogas, sería bueno orientar el estudio hacia la parte
farmacéutica, de modo que se realicen las pruebas farmacocinéticas
de dichos compuestos y en un futuro poder patentarlas.
Tal pareciera
que la investigación va por el rumbo adecuado, lo que no
significa dejar en manos del investigador la solución a
un problema, que si bien necesita de respuestas científicas,
también adolece de políticas de Estado acertadas,
a fin de que sea posible plantearse, en un futuro no muy lejano,
la erradicación de la malaria en nuestro país.